De la unión de Sarkozy y Angela Merkel nace un papagallo que, en su primer e instintivo aleteo de alas, destruye el mundo. Lo siguiente que pasa es que pone un huevo cósmico, entre blanco nacarado y gris perláceo, que es lo único que existe,además de ser trascendente e inmanente, aparte de perfecto. En su totalidad, no necesita nada, pero su rotunda perfección se ve frustrada cuando el papagallo vuelve y, buscando su reloj swatch,que ha olvidado en la mesilla de noche, toca con su pata izquierda (sí, los zurdos siempre reciniendo) la perfección.En esta pata , sin saberlo, llevaba adherido un poco de la tierra del mundo anterior y, al entrar este diminuto fragmento con el Gran Huevo,lo corrompe creando una transmutación; de la totalidad uniforme aparece el primer hombre, una sardo ciego que recita el alfabeto al revés.
El siguiente ser que nace de esta paulatina corrupción es una señora de unos 42 años, aunque aparenta más, con las tetas caídas y la piel muy ajada por la sobre-exposición solar que luego sabremos había sido cajera de una pollería vegana en Barakaldo.

Luego nace un ser bajito y muy callado que primeramente confunden con una piedra pero que, a las primeras de cambio deja embarazada a la señora, que estaba empezando a salir con el sardo, que empieza a maldecirlos al pillarlos encamados un domingo a la tarde cuando se cancela el partido de fútbol de las 17h por lluvia. Así se crea el lenguaje, que, primeramente, va acompañado de un gesto, aunque luego se independiza de él y busca piso, junto a tarzán y su puta madre, en Alcobendas.
El sardo perdona a la mujer pero no al ser, y para que quede constancia de su pecado, escribe el primer relato épico que se conoce.La verdad es que el hombre, el sardo, quiero decir, es un poco gay, pero lo hace por aparentar
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